Algo diferente para tu dolor cervical

El otro día me llamó una persona, Pilar, porque tenía 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐜𝐞𝐫𝐯𝐢𝐜𝐚𝐥. Quería probar el masaje con Gua Sha en esa zona. “Por intentarlo con algo nuevo”, dijo. Sonaba desesperada. Hablé un rato con ella. Como tantas veces, la molestia había empezado poco a poco hacía unos días y ahora era un dolor intenso en la parte alta de la espalda y el cuello. Como tantas veces había llamado al fisio. Pero estaba de vacaciones. Se tomó un relajante muscular y un antiinflamatorio para dormir.

-¿A qué lo achacas? -Le pregunté

-A nervios, a tensión -me dijo ella. -Cargo todo en esa zona.

¿Te suena? Seguro que sí.

En numerosas ocasiones pensamos que son los hombros los que se van subiendo haciendo que la zona alta de la espalda se sobrecargue muscularmente y se contracture. Pero la cosa está un poco más allá. ¿Dónde? En tu cabeza.


¿El dolor viene del cuello... o del cerebro?

La sensación de estrés proviene de tu cerebro. Algo le estás contando o algo está percibiendo él para responder como lo hace ante un peligro. ¿No tienes todo controlado? ¿Demasiado trabajo? ¿Preocupaciones? ¿Algún problema? Tu cabeza va a responder a esa sensación de amenaza como corresponde: acelera el ritmo cardíaco, libera cortisol (entre otras muchas hormonas) en sangre, tensa la musculatura preparándola para la huida y ... modifica tu respiración haciéndola más corta, más alta y más rápida.

Por probar algo nuevo

Como te contaba, Pilar me llamó para reservar un masaje con Gua Sha. En estas sesiones, lo primero con lo que empezamos es con unas respiraciones abdominales. Y eso es lo que te voy a proponer aquí.


Muchas veces nos empeñamos en estirar y masajear la zona cervical y la zona de los hombros y trapecios. Ponemos el foco donde sentimos la molestia. Pero si en la mayoría de los casos, como ya te he dicho, el tema va más allá del cuello o la parte alta de la espalda, tiene que ver con tu estrés y con cómo éste afecta a tu respiración... ¿no deberíamos abordar el tema de otro modo?


Lo que te propongo es combatir la causa para poder aplacar la consecuencia. Y todo desde bases de la neurociencia.Quizás te suene raro pero es sencillo.

Puedes darte mil masajes que si sigues subiendo los hombros, si sigues tensionando esa zona cada vez que te pones nerviosa, no vas a conseguir nada más que frustrar a tu fisioterapeuta.

Vamos a probar algo nuevo para conseguir algo diferente... y duradero

Si quieres trabajar efectivamente esa zona y comenzar a librarte de ese dolor que ya empieza a ser constante en tu vida y dejar las repetidas visitas al fisio (los volvemos locos con esto) o los relajantes musculares, empieza por 𝐫𝐞𝐥𝐚𝐣𝐚𝐫 𝐭𝐮 𝐝𝐢𝐚𝐟𝐫𝐚𝐠𝐦𝐚.

¿Qué es el diafragma?

El diafragma es el músculo fundamental de la respiración. Separa vísceras de pulmones. Y se mueve con cada inhalación y con cada exhalación. Pero, ¡atención! Normalmente tenemos el abdomen ligeramente contraído hacia dentro. Eso hace que el pobre diafragma se mueva en sentido contrario a como debería hacerlo.

La respiración abdominal

La primera lección que recibí cuando me formé como profesora de yoga fue la de enseñar a mis alumnos la respiración abdominal. Parece fácil, pero es complicada. Tan complicada que aprendimos hasta 4 maneras de acompañar a nuestros alumnos en su aprendizaje. Estas 4 maneras iban in crescendo. La última, para las personas que no lo conseguían en los intentos anteriores era… ¡prácticamente un placaje!

Al relajar el abdomen y realizar una respiración tranquila, estás diciéndole a tu cerebro que todo está bien (aunque no lo esté). Y va a reaccionar en consecuencia relajándote.

Observa este breve vídeo.


¿Entiendes ahora cómo funciona el diafragma en la respiración? Al inhalar metes más aire en los pulmones, que aumentan de tamaño empujando al diafragma hacia abajo. Al exhalar, sucede lo contrario. Vamos a la práctica.


Ahora intenta respirar así:

- Cuando inhales, que tu abdomen salga hacia afuera (como hemos visto en el vídeo, al introducir aire en los pulmones y hacerlos más grandes, empujarán al diafragma hacia abajo que a su vez presionará a las vísceras haciendo que salgan hacia el exterior).


- Cuando exhales todo volverá a su ser.


Hazlo con los ojos cerrados y observa el profundo efecto sobre tus cervicales. 10 minutos de respiración abdominal te devolverán a la calma. A la mental... ¡y a la muscular!.

Un buen final

Luego puedes hacer la tranquila las posturas que te comparto de Yoga Selection calculando un mínimo de 3 minutos por postura. Con respiraciones largas, lentas y profundas.


Y como postura final, regálate un Savasana poniendo algo de peso en el abdomen (entre el ombligo y el pubis).


Como peso puedes ponerte un zafu o cojín de meditación, un saco de arroz, unos libros envueltos en una manta, toalla o pashmina, o cualquier cosa con la que sientas más conscientemente esa zona.


Repite esta nueva opción tantas veces como notes que tu abdomen está tenso, que te pones (o que te ponen, vaaaale) nerviosa.

Y veamos si funciona.