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Ríete de ti misma. Tú, mejor que nadie.

Tomarte menos en serio es un recurso que sienta estupendamente. Reírse de uno mismo es indicador de inteligencia, de capacidad de autocrítica, de autoconocimiento y autoaceptación. Te reporta seguridad y te hace menos vulnerable a la crítica ajena. Te da fuerza, poder, dominio de la situación. ¿Se puede pedir más por menos?. Bueno, no es tan fácil como parece, pero con práctica vas desbrozando internamente un camino hacia un prado precioso, y muy muy divertido.


Tú eres tu mejor compañera de vida.


Nadie más fiel a ti que tú. Nadie conoce más tus secretos que tú, tus debilidades que tú, tus miedos que tú. Si los escondes, si los respetas en exceso, lo que haces es darles fuerza, hacerlos poderosos. Sacarlos a la superficie, enfrentarte a ellos con humor tiene algo que ver con la sensación de soltarte un cinturón demasiado apretado. Y esa sensación se llama libertad.



Hay una escena de cine que plasma muy bien lo que reírte de tus flaquezas hace por ti. ¿Recuerdas La boda de mi mejor amigo? ¿Te atreverías a hacer lo que hace Cameron Díaz? Si la respuesta es no, tus complejos todavía te están ganando la batalla. Y dale un complejo tuyo a un enemigo. Verás lo que hace contigo. No solo el complejo. También el enemigo.


Porfa, dedícale unos minutos a este vídeo. No tiene desperdicio:



Según cuenta un artículo del 2021 del diario Voz, el portal Entertainment Weekly reunió a los actores protagonistas de La boda de mi mejor amigo 22 años después su estreno. Por las declaraciones que se hicieron en este encuentro descubrimos que el pánico de la protagonista Kimberly Wallace a cantar en público es compartido por la actriz que la representa, Cameron Díaz. Cameron dice que quedó traumatizada por la escena. Ocasión perdida. Gran momento para reírte de ti. Grandísimo momento. Fuera traumas.


Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse”. Santo Tomás Moro

¿Sabías esto? Según cuentan Jennifer Aker y Noemí Bagdon en su artículo Cómo ser gracioso en el trabajo, publicado en la Harvard Business Review “Cuando nos reímos, nuestros cerebros producen menos cortisol (lo que induce a la calma y reduce el estrés) y libera más endorfinas (que nos dan algo así como el subidón de un corredor) y oxitocina (a menudo llamada la hormona del “amor”). Es como meditar, hacer ejercicio y tener sexo al mismo tiempo”. Casi nada, oye. Y además es legal-


Aprender a reírte de ti mismo es muestra de que has aprendido a aceptarte como eres. Reírte de tus torpezas, tus meteduras de pata, tus ridículos, es una buena manera de mejorar tu autoestima, Y mejorar tu autoestima es una buena manera de ser más feliz.


En algunos procesos de coaching hemos puesto en el Plan de Acción hacer algo “ridículo”, osar hacer algo que nos cueste esfuerzo. Los resultados son brutales. Y la cara de satisfacción y el sentimiento de orgullo con que vienen a la siguiente sesión, también.


El humor nos hará libres. Libres del peso de la opinión de los demás sobre nuestro ánimo.

Otra de las escenas de cine que me parece que manifiesta perfectamente la potencia de reírte de ti es del grandísimo Tarantino que puso a bailar al mismísimo Travolta de Fiebredelsabadonochedetodalavida en Pulp Fiction. Y lo bordó. Bravo por ambos. Fue por parte de Travolta todo un gesto de humildad aceptar filmar esa escena. Y esa humildad es la que le aporta tanta potencia. Si la hubiera bailado George Clooney (chascarrillo: también le ofertaron el papel, pero su representante ni se lo propuso, lo que obviamente le costó el puesto) no habría sido lo mismo. ¿A que no?



Haz como Travolta. Reconócete y reconoce ante el resto que eres imperfecta, vulnerable, incompleta. Que eres humana. Eso te va a volver divina.


Y una sola cosa más.


Cuanto más en serio te tomes la vida, más se reirá la muerte de ti.


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