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7 recursos para meditar en casa

¿Practicas la meditación? ¿Te gustaría? ¿O eres de las que piensan “meditar no es para mí”? Pertenezcas al grupo al que pertenezcas, si estás aquí es porque la meditación te interesa.


Tengo un par de buenas noticias para ti. La primera es que meditar es mucho más sencillo de lo que siempre has oído o de lo que crees. Y la segunda es que hay algunas cosas muy sencillas que te van a ayudar, practiques, quieras practicar o desconfíes de que tú puedas llegar a hacerlo. Allá vamos.


El rincón de meditar


La mente es como un animal de costumbres. Se siente segura en un entorno conocido. De ahí que los hábitos sean tan buenos para lograr un estado de equilibrio. Tanto si ya practicas la meditación como si vas a empezar con ello, te recomiendo que mires en tu casa a tu alrededor. Encontrarás un lugar que te estará llamando. Ése será tu rincón de meditar. Adecualo como consideres. Puedes dejarlo como está o decorarlo un poco con tu zafu o cojín de meditación, con velas, incienso, plantas o algún objeto o imagen que te inspire. Cuando vayas a sentarte allí tu mente ya entenderá que es su rato de descanso. Y relajará su actividad ayudándote en tu entrada a la meditación.


Incienso


¿Sabías que el 70% de la memoria es olfativa? Probablemente no recuerdes la voz de tu abuela (si es que ya no está contigo) pero recuerdes su olor. Como recuerdas el olor de un libro que estrenas, o el de tu goma de borrar favorita, o de unas vacaciones o un lugar concreto. Por eso un buen incienso puede ayudar a calmar el estado mental. La ciencia ha podido demostrar que la lavanda es un aroma que acompaña a la calma. Pero busca tú qué olor te inspira. Mi consejo: compra un incienso bueno, no excesivamente fuerte. Y pruébalo. También puede ayudarte un aceite esencial. Si optas por esto último, que sea biológico. Aunque su precio es más alto, su calidad lo merece, te lo aseguro.

Vela


El fuego tiene un poder de atracción indiscutible. Nos conecta con algo atávico, con algo esencial, puro, profundo y primitivo. Las velas generan un ambiente lumínico casi mágico. A tu mente es probable que le ayude a bajar su actividad. Cuando menos, seguro que entenderá, como sucede con los aromas, que es momento de descansar de ese ritmo frenético. Si has notado su bondadoso efecto, puedes incluirlas en tu rincón de meditar o en tu rutina. También te recomiendo que las compres de buena calidad. Fíjate que suelen incluir por escrito el tiempo de vida que tienen, es un detalle que poca gente conoce. El color y el aroma lo dejo a tu elección. A mí me gustan blancas o beiges, que son colores que favorecen la serenidad.

Sonidos


Si bien no soy partidaria de usar música en la meditación, si tu estado mental es muy alterado o te cuesta mucho relajarte, puedes usarla como ayuda. En las sesiones que realizamos en el Centro lo hacemos así con muy buenos resultados. En Spotify hay un montón de listas. Algunas son un poco como de sala de espera de dentista, pero rebuscando encontrarás piezas musicales que por sí solas son capaces de relajar tu sistema nervioso. Es la magia del sonido. En cualquier caso, busca la música que funcione para ti. A mí los Ommms me encantan pero tengo clientas a las que les dan “miedito” así que tendrás que experimentar por ti misma.

También los sonidos de la naturaleza tienen efectos relajantes como la banda sonora que generan las olas del mar, el viento en su roce con las ramas de los árboles, los grillos en una noche de verano, la lluvia, el crepitar de una hoguera, un riachuelo o los cantos de pájaros. Hay mucho donde elegir.



Respiración


La respiración es uno de los recursos básicos para la relajación y para la meditación. El cerebro y el ritmo de la respiración van de la mano. Seguro que has comprobado que cuando te tensionas o te pones nerviosa tu respiración se acelera. Lo divertido del tema es que esto funciona también en sentido contrario. Si tú calmas tu respiración, tu cerebro va a entender que estás tranquila (aunque no lo estés) y va a calmarte a través de tu sistema hormonal.

Aprovéchate de esto. Siéntate en la postura de meditación y respira largo, lento y profundo. Con los ojos cerrados comienza por sentir el aire entrando a través de los orificios de tu nariz. Acompáñalo hacia el interior de tu cuerpo poco a poco, cada vez a un plano más profundo. Hacia el interior y hacia el exterior. Busca un ritmo lento y constante. E intenta mantenerlo. Si la mente se distrae, vuelve a concentrarte en tu respiración, en ese ritmo lento y constante. Una y otra vez. Funciona así, una y otra vez. Descárgate de expectativas, te ayudará en el caminohacia la calma.