Por favor, un poco de shhhh


¿Conoces métodos de tortura? ¿Te suena ése en el que te someten a una audición constante? Consigue volver loco a quien lo padece.


Y ahora, te planteo otra pregunta: ¿Hace cuánto tiempo que no escuchas el silencio?

Hay un ejercicio que practicamos en las sesiones de Mindfulness o Meditación de Sama. Es el escáner sensorial. Conduzco a las personas a trabajar con sus sentidos buscando que sean capaces de percibir cuantas más cosas mejor. Cuando llegamos al sentido del oído, trabajamos como si fuéramos un sonar. Vamos explorando capa a capa. Desde lo más próximo, a lo más lejano.

¿De cuántos sonidos audibles eres capaz de ser consciente? A veces escuchas seis. Hasta siete. Y vas ampliando tu radio. Y vas percibiendo más. Y más. Y otro más.

¿Y el silencio? ¿Hace cuánto tiempo que no escuchas el silencio?

Nos olvidamos. Somos animales racionales. Pero animales. Y cómo tales, tenemos necesidades primarias y muy antiguas, grabadas en nuestro ADN. Y una de ellas es la necesidad de silencio. Y su carencia nos enferma. Genera desequilibrios en nuestro sistema nervioso. Y nos produce estrés y ansiedad.

Me temo que la Banda Sonora de la película de nuestra Vida no es digna de un Óscar. Ni acaso de una nominación. ¿Eres consciente del sonido que emite tu lavadora, tu nevera, tu móvil, tu móvil cuando está en modo vibración, los coches, las obras, las sirenas, los platos cuando lo recoges, cuando los recogen, las televisiones de los bares, la de casa, las de casa, la gente en los restaurantes, en las calles, la música en las tiendas, en la calle, en los funerales, en...?

Nos da miedo el silencio. Nos obliga a estar en directa comunicación con nosotros mismos. Y a veces rehusamos el hacerlo por el desconocimiento de que ahí, precisamente ahí, está la paz. ¿O será por vértigo al salto a ese espacio interior?

Cuando encontramos un momento de silencio en el que reconocer al animal que somos, trascendiendo lo racional que nos adorna, y que tanto mal nos da, descubrimos una agradable dimensión de calma que nos sienta muy bien.

Nos sienta tan bien como mal nos sienta el ruido.

Escóndete. Tápate los oídos. Huye del bullicio..Busca el silencio. Sumérgete en él. Abraza a tu yo animal. Y disfruta de la vida, pero ya